
Tu mundo interior se compone de pensamientos, emociones, creencias…
Tú no eres ni ese mundo exterior que ves y vives, ni tampoco ese mundo interior compuesto de pensamientos, emociones, etc. Tú no eres tu mente. Tú eres algo más que eso. Eres aquel que experimenta todo ese mundo interior y exterior. Eres aquel que se da cuenta de sus propias emociones, pensamientos…aquel que se da cuenta del estado en que vive, aquel que experimenta todo aquello que percibe en el mundo exterior.
La meditación nos ayuda a observar nuestro mundo interior del mismo modo en que observamos el mundo exterior.
Nos ayudará a tomar distancia, a separarnos de nuestros propios pensamientos y emociones, del mismo modo que estamos separados físicamente de la televisión, del coche, y resto de cosas o personas del mundo exterior.
Cuando quedas poseído por tus emociones y pensamientos, quizás no puedas parar de quejarte, de sentir enfado, tristeza o celos…y cuanto más te enredas en ese tipo de pensamientos, peor. Es como si con tus pensamientos alimentases el malestar y este cada vez fuese más grande, ¿verdad?
Tomando distancia, no quedando poseídos por ese mundo de pensamientos y emociones (cosa que hace que estos nos manejen) podremos manejar mejor el tiempo que duren las experiencias negativas en nosotros.
Esa distancia solo podremos tomarla en el momento en que nos demos cuenta de que hemos sido poseídos por ese mundo interior. Cuanto más tarde nos demos cuenta, mayor tiempo de malestar habremos experimentado.
Cuanto antes, mejor. Y es a esto a lo que nos ayuda la práctica de la meditación o del mindfulness, a ese «darse cuenta»
La meditación es el entrenamiento que te prepara para una vida con menos sufrimiento y mayor plenitud.
Ahora te invito a que observes la siguiente figura…

¡Cuántas veces te hubiese gustado ser como ese perrito que aparece en el dibujo, sin esa tormenta de pensamientos y preocupaciones que le impidiesen disfrutar de su experiencia!
Imagínate una vida en la que no tengas a tu jefe, clientes o preocupaciones, todo el rato en tu cabeza y poder estar así más presente con tu pareja o familia; no terminar tus días agotad@, disfrutarlos plenamente y no estar así a la espera de una escapada de la que luego, al poco tiempo, estás igual que antes; o aceptar rápidamente esos detalles que tan mal sientan y liberarte antes del malestar que nos ocasionan.
A día de hoy, sabemos que la práctica constante de mindfulness nos ayudará a gestionar todo esto, y es por ello por lo que se convierte en una herramienta fundamental para la gestión de nuestras emociones y del estrés. Un método con el que desarrollamos nuestra capacidad atencional y con el que permitimos que determinadas áreas de nuestro de cerebro (corteza frontal, hipocampo…) se vean modificadas y funcionen mejor para con ello vivir mejor. Para pasar de ese estado de mente colapsada y estresada a un estado óptimo, de mente más despejada.
Por eso, además quiero dejarte aquí algunos consejos para la práctica formal correcta:
1) Elimina la creencia de que hay que dejar la mente en blanco. Somos seres pensantes y gracias a esto hemos evolucionado más que ningún otro ser vivo.
2) El objetivo de la práctica es que, tumbados o sentados, dirijamos nuestra atención a nuestra respiración, a alguna parte de nuestro cuerpo, o aquello a lo que se nos vaya indicando (en mi canal «El arte de perseverar» puedes encontrar prácticas guiadas). Pero, ojo, siendo muy conscientes de que, debido a nuestro estado mental inquieto, van a aparecer pensamientos que nos distraigan y nos desvíen de ese foco.
3) Llegado ese momento, tenemos dos opciones: frustrarnos, ser poco amables con nosotros mismos y abandonar; o bien, ser pacientes, amables con nosotros mismos y dirigir nuevamente nuestra atención adonde quiera que tengamos que llevarla. Si aquí eres amable contigo, posteriormente serás menos duro contigo en la vida.
4) No pienses que la práctica no es para ti por el hecho de que te vengan muchos pensamientos. Del mismo modo en que el hecho de que no fueses capaz de levantar una pesa de un kilo es un indicativo de tu debilidad muscular y de la imperiosa necesidad que tendrías de ejercitarte para fortalecer tus músculos, el hecho de que no te paren de venir pensamientos es un indicativo de la cantidad de ruido que hay en tu cabeza y de la imperiosa necesidad que tienes de aquietar tu mente.
5) Mantén una mentalidad curiosa y de principiante. Solo cuando mantenemos una mente abierta y receptiva, podremos aprender. Para conseguir un cambio debemos abrirnos a este y eso no será posible con una mentalidad cerrada.
Espero que este post te ayude un poco más a entender qué es mindfulness, qué no es, cómo practicarlo, y por qué debemos tenerlo presente en nuestro día a día.
Un abrazo
Óscar

Deja un comentario