
Cuando…
👉 1. Vivas en el presente
👉 2. Abras tu mente y veas más allá de tus pensamientos
👉 3. Dejes de juzgar
👉 4. Reconozcas y aceptes las cosas tal como son
👉 5. Pases del apego o necesidad, a la preferencia
👉 6. Confíes en la vida (todo pasa por algo y viene a enseñarnos algo)
👉 7. No fuerces las cosas
👉 8. Seas más paciente
👉 9. No vivas deseando tanto lo que no tienes y seas más agradecido con lo que tienes.
👉 10. Encuentres un equilibrio entre lo que das a los demás y lo que te das a ti mismo
… entonces reducirás el malestar ocasionado por la presión y los vaivenes de tu vida, vivirás con esa paz que deseas, aumentarás el placer de cada minuto que vivas, y fluirás con la vida…
¿De qué manera nos ayuda mindfulness a conseguir todo esto?
Con la meditación formal nos creamos un pequeño espacio de profunda intimidad con nosotros mismos en el que tenemos la oportunidad de trabajar una serie de actitudes, las cuales se alimentan las unas de las otras.
Actitudes con cuya práctica se ha demostrado que nuestro cerebro funciona mejor (análisis, resolución de problemas, gestión de emociones) y que además, posteriormente nos sería más fácil llevarlas a la vida, con lo que nos ayudaría a:
Vivir en el presente
La vida sucede ahora, y gran parte de ella la gastamos viviendo en la oficina de nuestra mente y nuestros pensamientos.
A través de la meditación trabajamos nuestra capacidad para salir de nuestro embrollo mental, para desengancharnos de los pensamientos acerca de lo acontecido o de lo que pueda acontecer; para llevar nuestra mente a lo que en verdad está sucediendo, es decir, al momento presente.
Ver más allá de nuestros pensamientos
Aferrarnos a nuestros pensamientos y creencias limita nuestro crecimiento. La meditación nos invita a explorar con curiosidad dentro de nosotros mismos. Nos invita a explorar nuestro cuerpo y a ver más allá de nuestros pensamientos.
Adoptar una mentalidad curiosa y de principiante será de vital importancia para el desarrollo, crecimiento, y por tanto, cambio que deseamos. Y es a esto también a lo que nos ayuda esta poderosa práctica. No debemos olvidar que, para obtener un cambio, deberemos abrirnos a este, y eso será imposible con una mentalidad fija o cerrada.
No juzgar
Cuando juzgamos, las áreas del cerebro encargadas de analizar, planificar, gestionar la presión del día se ven bloqueadas. Salir de nuestra actitud de juicio, ver más allá de cuantas etiquetas ponemos, nos ayudará a funcionar mejor.
La actitud observadora y libre de juicios que lleves en la práctica meditativa te servirá para proyectarla en la vida, algo que te permitirá ver más allá de esas etiquetas, tener una visión más profunda y cabal de cuanto acontece.
Aceptar las cosas tal como son, y no resignarnos tanto cuando no son como queremos
Somos humanos y no podemos evitar sentirnos mal ante un hecho que no deseamos acontezca. Sin embargo, después de los hechos, gran parte de nuestro sufrimiento no procede de lo que acontece sino lo que pensamos y de cuanto nos enredamos con respecto a lo acontecido. Sencillamente porque no queremos relacionarnos con nuestras emociones y así, en lugar de estar con ellas, pasamos a estar con nuestros pensamientos y alimentar a estos.
Durante la práctica meditativa tenemos la oportunidad de observar cómo se reflejan nuestras emociones en nuestro cuerpo, la oportunidad de alejarnos del pensamiento para estar con ellas, para así aceptarlas, de sentirlas sin reaccionar a ellas; unos instantes para relacionarnos con nuestras propias emociones, que, incluso aquellas que menos nos gustan, son tan nuestras como nuestros brazos o piernas, para saber gestionarlas mejor posteriormente en nuestro día a día.
Así, mientras estamos entrenándonos y relacionándonos más con nuestras emociones, a su vez estaremos entrenándonos en el arte de enredarnos menos en nuestros pensamientos. Todo esto nos llevará a, progresivamente, aceptar mejor aquellos hechos que en nosotros desencadenan emociones no tan agradables y que dure menos el malestar en nosotros.
De la necesidad a la preferencia. Dejar ir
Todos en algún momento nos hemos aferrado a cosas, o personas, que ya no nos valen o dañan. Pero, ¿cómo dejar ir aquello que no nos vale o daña si no somos capaces de dejar ir los pensamientos que nos mantienen aferrados a esas cosas o personas?
En estos pocos minutos tenemos un momento para practicar el arte de desengancharnos de nuestros pensamientos, a no ser pescado por ellos. Un momento para observar desde fuera nuestros pensamientos y dejarlos ir.
Confiar en la vida
Durante la práctica nos abrimos a nosotros mismos, a escuchar nuestro propio cuerpo, a darnos cuenta de que este funciona solo y de forma autónoma sin que nosotros hagamos nada (algo de lo que no solemos ser conscientes).
La práctica nos ayuda a darnos cuenta de que inconscientemente estamos confiando en nuestro propio cuerpo. Comenzar a cultivar de forma consciente esa confianza en la sabiduría interior de nuestro propio cuerpo es el principio para confiar en nosotros mismos, en los demás … y en la vida, a la que abriéndonos, nos traerá aprendizaje y crecimiento.
No forzar las cosas
¿Cuántas veces nuestra mente ha estado en una experiencia esperando que sucediese otra diferente a la que estaba sucediendo? Por ejemplo, una cita en la que más que estar atentos a lo que sucedía y se comentaba, estabas deseando que llegase a su fin. Nuestra mente, interviniendo, forzando el momento presente a otra cosa diferente a lo que sucedía en ese momento, impidiéndote estar en la experiencia tal como es.
No forzar nada, no estar pendientes de objetivos, no esperar que suceda nada diferente de lo que esté sucediendo, nos ayuda a vivir de forma más relajada, con más distensión física y mental, a extraer más placer de cada experiencia.
En la práctica meditativa tenemos la oportunidad de entrenar esta actitud no forzando nada. Tenemos la oportunidad de liberarnos de la tensión que emana de toda expectativa, para estar y fluir con la experiencia, para observarnos y pescarnos a nosotros mismos en esta actitud en caso de que así fuese, y así, sin juicios hacia nosotros mismos, regresar a la experiencia meditativa para fluir sin forzar nada.
Ser más pacientes
Debemos ser conscientes de que debido a nuestra eleva actividad mental, es muy fácil que perdamos la concentración, y que nuestra conciencia se vaya de vez en cuando a esa tormenta de pensamientos que tienes.
Durante la práctica, tenemos la oportunidad de darnos cuenta de ese estado tan dañino en el que vivimos, la oportunidad de ser amables con nosotros, aceptarnos, no resistirnos a ello, observarlo, no juzgarlo y con paciencia regresar nuevamente a la respiración o hacia aquello a lo que tuviésemos que estar atentos.
Tenemos la oportunidad en cada práctica de cultivar la paciencia, que no es el mero hecho de esperar sino la forma en que esperamos. Hay una gran diferencia entre proyectarnos desde la inquietud y desasosiego, a proyectarnos desde la calma y serenidad; a proyectarnos desde la inquietud sin ser conscientes de que esta al final nos puede llevar a abandonar todo aquello que comenzamos, a proyectarnos y sentir en un determinado momento esa inquietud o ese desánimo, pero siendo consciente de ello y decirnos «calma, respira, se paciente, estás aprendiendo».
Y lo más importante, de nada nos valdrá una vida llena de logros si la vivimos desde la impaciencia, desde la inquietud, carentes de serenidad y calma.
Desear y valorar algo más lo que ya tienes y no tanto lo que no tienes
Al mejorar nuestra capacidad para estar presentes, mejora nuestra capacidad para apreciar lo que tenemos, de recrearnos más en ello, y por tanto de no desear y pensar tanto en aquello que no tenemos. Nos permitirá ser más consciente de cada vez más cosas por las que sentirnos agradecidos, y desear un poco menos aquello que no tenemos.
La gratitud no son palabras. La gratitud no es el acto de dar gracias. La gratitud es una emoción que se siente en el corazón. Quizás nos hayan enseñado más a dar las gracias con palabras, que a sentirla como emoción. Sentirla nos ayudará a pasar de un sentimiento de carencia a otro de abundancia.
Por otro lado, conscientemente, al final de cada práctica, siempre podremos darnos las gracias a nosotros mismos por ese pequeño espacio que nos concedimos para nuestra tranquilidad, para nuestra salud y para nuestra felicidad, y con el tiempo, sentirlo.
Equilibrio entre lo que das… y te das a ti mism@
Quizás nos hayan educado para servir a los demás, cosa que está muy bien. Pero puede que, inconscientemente, también te hayan enseñado que tenernos como prioridad y atendernos a nosotros mismos es una especie de egoísmo. Por ello, siempre estás más dispuesto a dar que a darte. Incluso puede que te sientas mal dedicándote un tiempo para ti cuando piensas que podrías estar dedicándoselo a un ser querido. Quizás hayas priorizado no solo a tus seres queridos, sino el trabajo, y una larga lista de cosas o personas dentro de la cual no ocupas los primeros puestos.
Sin embargo, no hay nada más generoso que atenderse a uno mismo. Porque, ¿cómo dar mi fuerza, mi paz interior y lo mejor de mi a mis seres queridos si no me reservo un rato para cultivarlo dentro de mi y cuidarme?
Para dar mi mejor versión, para no proyectarme desde la ansiedad, desde el estrés, tengo que cultivar mi paz, mi calma. Cuanto mayor sea mi atención mi plena, mejor será mi escucha, mi empatía y la calma con que me proyecte. Y todo esto nos lo proporciona la práctica del mindfulness.
El simple hecho de concedernos unos minutos diarios ya es un acto de amabilidad y de generosidad con nosotros mismos para cultivar esa calma y paz interior. Un espacio que nos regalamos de intimidad y en el que tan solo tendremos que estar atentos a lo que sucede dentro de nosotros…a nuestra respiración, a las sensaciones corporales, o aquello a lo que se nos esté indicando, y en el que cuando la atención se desvíe de aquello que sea el foco atencional, tenemos la oportunidad de hablarnos de una forma amable y no tan crítica («tranquilo, estás aprendiendo, estás reeducando tu mente»).
¿Qué más motivos necesitas para empezar a incluir esta práctica en tu día?
Todas estas actitudes podremos trabajarlas en nuestro proceso de crecimiento y desarrollo personal «Caminando Juntos» (Tu proceso)
Con la intención de ayudarte a vivir una vida más feliz y plena
Tu coach,
Óscar

Deja un comentario