
¡Cuántas decisiones erróneas pudimos llegar a tomas por impacientarnos! ¡Cuánta energía nos llegaron a robar nuestras prisas y falta de paciencia!
¡Cuántas veces el ser impacientes y querer las cosas en menos del tiempo del que deseamos, nos lleva a dejar aquello que emprendimos! A dejar y a volver a empezar constantemente por no esperar el tiempo necesario. Y, aunque consigamos nuestras metas, ¿de qué nos vale una vida llena de logros si nuestra vida la vivimos desde la inquietud?
La paciencia no es el mero hecho de esperar sino la forma en que esperamos.
Hay una gran diferencia entre esperar y proyectarnos desde la inquietud y desasosiego, a esperar y proyectarnos desde la calma y desde la serenidad; a trabajar desde la inquietud sin ser conscientes de que esta al final nos puede llevar a abandonar, a trabajar y sentir en un determinado momento esa inquietud o ese desánimo, pero siendo consciente de ello y decirnos «calma, respira, se paciente, estás trabajando»
Esta actitud nos permite adentrarnos en un estado de calma desde el cual la mente, al estar libre de pensamientos y emociones negativas, puede ver con más claridad la realidad y actuar acorde a ella… y con ello, traernos algunos regalos:
Regalos de la paciencia
* Pasar del desánimo a la motivación, al ver con más claridad logros, u otras cosas positivas, que la mente agitada del impaciente no puede ver.
* Pasar de un sentimiento de carencia a otro de abundancia. Al poder ver con más claridad aquello que en verdad no nos pertenece y no tendríamos por qué tenerlo, podremos sentir mayor gratitud y bienestar con nosotros mismos, con los demás… y con la vida.
* Ser más reflexivos antes de soltar cualquier palabra por nuestra boca, evitando un daño del que luego arrepentirnos.
* Aceptar las cosas como son y no enredarnos en cómo nos gustaría que fuesen, centrándonos así con la actitud adecuada en lo que queda en nuestra mano.
* Ahorrar energía por el simple hecho de mantener la calma
* Al conceder menos espacio a las emociones negativas y más a la calma, puedes permitir la entrada a la tan necesaria ilusión en nuestra vida.
¿Te das cuenta de cuánta energía extra tendríamos al final de cada día si aprendiésemos a esperar, a no querer todo para ya? ¿De cuánta energía extra podías disponer para ti, para proyectarte en tus relaciones, en tus sueños, en tu trabajo y en tu vida desde la calma, y disfrutando así de todo un poco más?
Vivir tu «espera» desde la resignación y el desánimo no es cultivar la paciencia, sino cultivar aún más esa resignación y ese desánimo.
Cómo trabajar la paciencia
Te propongo dos formas diferentes de trabajar la paciencia:
- Trabajo formal a través de tus meditaciones: cada vez que te des cuenta de que tu mente te invite a terminar la práctica y a impacientarte, adoptes una actitud de amabilidad contigo diciéndote “calma, respira…estás entrenándote para ser más feliz”. Date cuenta que de cómo de paciente seas aquí, así lo serás en la vida. Usa la práctica del mindfulness para cultivar conscientemente esta valiosa virtud.
- Trabajo llevado a la vida, para lo cual:
- Toma de conciencia: haz una lista de todos esos momentos en los que sueles impacientarte (esperar en el semáforo, esperar en el supermercado, esperar a que tu ordenador arranque, o esos resultados que queráis de forma inmediata y no llegan…)
- Repasar esa lista antes de salir a la vida (como el que se prepara para un examen). Asi estarás mucho más preparado para cuando la vida te ponga a prueba ante esas situaciones que anotaste.
- Pasar a la acción. Cuando te pesques a ti mismo ante esas situaciones, dite a ti mismo “calma, respira, estás reprogramando tu mente para ser más feliz”.
- Revisión a mitad y final del día. Solo haciendo frecuentes revisiones de aquello que elegiste cultivar serás consciente del impacto que tuvieron tus decisiones y acciones para así volver a usarlas conscientemente y seguir así mejorando cada dia un poco más.
En los próximos días te invito a que reflexiones sobre tu paciencia e impaciencia, a que te dejes un espacio para trabajarla formalmente, a que hagas tu propia lista y a que conscientemente la trabajes,
«La paciencia y la diligencia, como la fe, mueven montañas». (William Penn)
Con la intención de ayudarte en tu proceso de crecimiento
Tu coach,
Óscar Rubio

Deja un comentario