
¿Cuántas veces hemos empezado a hacer ejercicio con la mente puesta en un resultado? «Cuando logre bajar de peso, me sentiré mejor», «Cuando tenga más resistencia, podré disfrutarlo», «Cuando vea cambios en el espejo, sabré que vale la pena».
Sin darnos cuenta, nos conectamos más con el futuro que con el presente. Cuando nos enfocamos tanto en lo que queremos lograr, nos perdemos lo que ya está ocurriendo. Y cuando no vemos cambios rápidos, nos frustramos, nos desmotivamos y, muchas veces, abandonamos.
Pero ¿qué pasaría si en lugar de ver el ejercicio como un medio para alcanzar un objetivo lejano, se viese como un regalo que podemos disfrutar ahora?
Hoy quiero invitarte a cambiar la forma en que te relacionas con el movimiento. A dejar de perseguir el futuro y empezar a sentir el presente. A enamorarte del ejercicio no por lo que «algún día» te dará, sino por lo que ya te está dando en este preciso momento.
La trampa del «cuando logre X, seré feliz»
Vivimos con la idea de que la felicidad siempre está un paso más adelante. Nos decimos:
«Cuando baje de peso, me sentiré bien con mi cuerpo».
«Cuando sea más fuerte, me motivaré a seguir».
«Cuando tenga más energía, empezaré a disfrutar el ejercicio».
Pero el problema con este pensamiento es que nos mantiene atrapados en la insatisfacción. Nos hace creer que el bienestar está en el futuro y no en el presente. Y si no vemos resultados pronto, nos sentimos desmotivados.
Este es el mayor obstáculo para construir una relación sana con el ejercicio: si lo hacemos solo por un resultado futuro, nunca podremos disfrutarlo realmente.
Cómo vivir en el futuro nos desconecta del bienestar presente
Cuando nuestra mente está enfocada en lo que «deberíamos» estar logrando, dejamos de sentir lo que ya está ocurriendo:
✔ Cómo nuestra respiración cambia.
✔ Cómo los músculos se activan y despiertan.
✔ Cómo el cuerpo se llena de energía después de movernos.
No nos damos cuenta de que los beneficios del ejercicio empiezan desde el primer día:
✅ Nuestro estado de ánimo mejora.
✅ Sentimos más claridad mental.
✅ Descansamos mejor por las noches.
✅ Nuestro cuerpo nos responde con más vitalidad.
Pero si estamos obsesionados con el futuro, no podemos ver ni sentir esto. Y si no lo sentimos, ¿cómo vamos a enamorarnos del movimiento?
El ejercicio como una práctica de mindfulness
El ejercicio puede convertirse en una herramienta poderosa para entrenar nuestra presencia. En lugar de hacerlo en piloto automático o con la mente en lo que «nos falta», podemos aprender a sentirlo en el ahora.
Algunas formas de hacerlo:
🔹 Escucha a tu cuerpo mientras te mueves. ¿Cómo se sienten tus piernas al caminar? ¿Cómo se expande tu pecho cuando respiras?
🔹 Sintoniza con tu respiración. Deja que sea tu guía en lugar de luchar contra ella.
🔹 Conéctate con el entorno. Si corres o caminas, observa el paisaje, siente el aire en tu piel.
🔹 Cambia el diálogo interno. En lugar de pensar “ojalá ya tuviera más resistencia”, di “qué hermoso es sentir mi cuerpo moverse”.
Ejercicio sin expectativas: moverse por placer, no por castigo
Cuando sueltas la presión del futuro y empiezas a disfrutar el presente, el ejercicio deja de ser una tarea y se convierte en un regalo. Ya no es una obligación que te acerca a un resultado; es un momento de conexión contigo mismo.
Y cuando esto sucede, cuando dejas de ver el ejercicio como un sacrificio y comienzas a experimentarlo como un espacio de bienestar, algo cambia. Ya no necesitas «motivación», porque empiezas a desear moverte, simplemente porque te hace sentir bien.
Reflexión final
La clave para enamorarte del ejercicio no está en lo que conseguirás después de meses o años de práctica. Está en aprender a disfrutarlo hoy.
Así que la próxima vez que te muevas, hazlo con curiosidad. Sin expectativas. Sin presiones. Permítete sentir, conectar y disfrutar. Porque el verdadero regalo del ejercicio no está en el futuro. Está aquí. Ahora.
Atentamente
Tu coach,
Óscar Rubio

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