En algún momento de nuestra vida, todos sentimos el deseo de cambiar algo.

A veces viene en forma de una meta concreta:

👉 Comer mejor, moverse más, meditar, gestionar mejor las emociones…

Pero si somos sinceros, en el fondo de ese deseo hay algo más profundo:

Una llamada interior.

Un anhelo de transformación.

Una intuición de que la vida puede ser más plena, más ligera, más alineada.

¿Desde dónde nace tu deseo de cambiar?

No todos los deseos de cambio son iguales. Algunos nacen desde la culpa; otros de la autoexigencia; de los famosos «debería»:

“Debería cuidarme más.”

“Debería dejar de pensar tanto.”

“Debería dejar de compararme.”

Pero hay otros deseos que brotan de un lugar más profundo:

Del cansancio de seguir como hasta ahora, y de esa certeza silenciosa de que algo dentro pide una nueva dirección.

¿Estás preparad@ para el cambio?

Esta es la pregunta clave, porque no todo el mundo lo está. Y reconocerlo también está bien. Lo importante es darte cuenta desde dónde estás partiendo.

El cambio no es una idea. Es una disposición

Muchos creen que cambiarán el día que «lo entiendan todo». Pero si solo bastara con saber, todos cambiaríamos con un buen libro o una charla TED.

Sabemos que fumar daña, que el estrés enferma, que el sedentarismo afecta la salud, y sin embargo… seguimos igual.

¿Por qué?

Porque el cambio real no nace del saber, sino de la apertura. Una disposición interna. Una sensibilidad nueva.

El secreto: la mentalidad de principiante y de crecimiento

Cambiar no es solo hacer cosas nuevas. Es soltar viejas formas de pensar.

Muchas personas inician un cambio con actitud evaluadora:

Se juzgan.

Se comparan.

Se exigen resultados inmediatos. Y cuando no los ven, se frustran.

Se proyectan a la tarea como si esta fuera un examen y no como un medio para mejorar

Se toman los errores como fracasos y no como lecciones para aprender.

¿Te estás juzgando mientras intentas mejorar?

Pasa con el ejercicio:

“No estoy en forma, no sirvo para esto.”

Pasa con la meditación:

“Si no consigo concentrarme o relajarme, lo estoy haciendo mal.”

Pero…

¿Y si no se trata de hacerlo perfecto, sino de estar presente con lo que hay, incluso si hay incomodidad?

El juicio agota. La apertura transforma.

Cuando nos abrimos a lo nuevo con una mentalidad de principiante, todo cambia:

Dejamos de exigirnos más de lo que podemos, nos volvemos más curiosos, abrazamos la incertidumbre, aceptamos que el proceso tal como es, aunque no dominemos el resultado. Y sobre todo, dejamos de creer nuestras propias excusas, con lo que evitamos que viejos errores se repitan.

¿Y si la excusa no es real?

¿Cuántas veces hemos escuchado cosas del tipo “No puedo entrenar porque tengo hijos (o X circunstancia)”?

Pero entonces conocemos a alguien que, con hijos (o con esas mismas circunstancias), sí entrena. Y esa sola excepción desmonta nuestra excusa. Nos enfrenta con una pregunta incómoda:

¿Es la circunstancia el problema… o mi actitud ante ella?

Aquí ocurre algo curioso:

Cuando señalamos ese contraste, muchas personas reaccionan con enfado y una respuesta muy común:

“A mí no me cuentes la vida de los demás, bastante tengo con la mía.”

No se dan cuenta de que ese ejemplo no es un juicio, sino una inspiración.

Una invitación a pensar:

👉 “¿Qué está haciendo esa persona que yo podría aprender?”

Aquí es donde se revela si estamos abiertos o cerrados. Si cultivamos una mentalidad de crecimiento…o seguimos defendiendo nuestras resistencias. Así pues, si algo te incomoda, obsérvalo.

El cambio no empieza con acción. Empieza con una apertura.

Una apertura que dice:

«Estoy dispuesto a mirar mis resistencias».

«Estoy listo para salir de mi zona de confort… aunque aún duela».

«Estoy dispuesto a dejarme sorprender».

🌱 Una invitación a la reflexión

Tanto la mentalidad de crecimiento como la mentalidad de principiante son distintas, pero profundamente complementarias.

Una te permite avanzar, mejorar, aprender de los errores y creer que puedes transformar tu vida.

La otra te ayuda a soltar lo que crees saber, abrirte a lo nuevo con curiosidad, humildad y presencia.

Ambas son necesarias para cualquier proceso real de cambio.

Y como no se trata solo de leer, sino de vivirlo, te dejo aquí una serie de preguntas que puedes usar como guía para cultivar esa actitud interna de apertura, transformación y autoexploración.

No hace falta que respondas a todas.

Basta con que elijas una o dos, y las sostengas contigo durante el día, o durante una práctica de escritura o meditación.

Te sorprenderá lo que puedes descubrir si las abordas sin prisa, con sinceridad y sin necesidad de tener todas las respuestas.

🌀 Preguntas para acompañar tu proceso de cambio

¿Puedo afirmar con absoluta certeza que esta creencia es cierta?

¿Quién sería o qué lograría si no tuviera esta creencia?

¿Qué puedo aprender de esto, aunque parezca incómodo o insignificante?

¿Qué pasaría si no tuviera que hacerlo “bien”, sino simplemente hacerlo?

¿Qué parte de mí se está resistiendo al cambio y por qué?

¿Qué está queriendo enseñarme este momento, si me permito no controlar?

Recuerda esto:

El cambio no empieza cuando haces algo distinto, sino cuando decides sentir y pensar de forma diferente… sin exigencias y sin juicios. Solo con honestidad.

¿Y si hoy ya ha empezado?

Tal vez este post te acompañe como una simple lectura…O tal vez —sin darte cuenta— ya activó una semilla dentro de ti. Sea como sea…

Gracias por estar aquí.

👉 ¿Te gustaría escuchar este contenido en audio?

En el podcast de esta semana lo desarrollo más a fondo.

🎧 Escúchalo aquí https://open.spotify.com/episode/7my2py2yTwtQKcictg3aZP?si=Yh3IGA5oSviZBb-_azyRvw

Deja un comentario

Soy Óscar

alguien que decidió vivir una vida con propósito, basada en el equilibrio mente-cuerpo-espíritu, y desde la cual poder ayudar a los demás a vivir la vida que desean.

Contacta:

consulta@oscar-rubio.com

TELÉFONO: 654589387