Cuántas veces miré atrás con un suspiro que emanaba del considerar aquellos momentos como únicos, como momentos muy felices a pesar de que también fueron vividos en compañía de la incertidumbre, del miedo, y del deseo de un futuro mejor.

En aquellos momentos no era tan consciente de lo poco que necesitaba, de lo feliz que estaba siendo. 

Solo cuando ese tiempo pasó para siempre, y eché la vista atrás, comencé a ser consciente del verdadero valor de aquellos días. 

Creo que a menudo creemos estar viviendo una etapa de espera, de sacrificio o de tránsito en la que nos desviamos del regalo que nos brinda la vida a cada momento, y solo con el paso del tiempo comprendemos que quizás aquellos días eran, en realidad, uno de los mejores momentos de nuestra vida.

A veces estamos tan volcados en el mañana que no reconocemos la plenitud del presente. Destinamos tanta atención al mañana, que perdemos el valor del presente. 

Vivir así, transitar así por nuestra vida es como caminar por un paisaje hermoso con los ojos vendados. No dejamos de avanzar, pero algo esencial se nos escapa. Pasamos de largo frente a lo que nos sostiene, ignoramos  los pequeños milagros que se despliegan a cada instante, y el corazón, sin darse cuenta, se acostumbra a un modo gris de existir. 

Este olvido no es intencionado; simplemente, vamos tan deprisa que dejamos de mirar y de recrearnos en lo que tenemos, y en ese descuido, la vida empieza a sentirse más pesada de lo que realmente es.

Cuando la gratitud no está presente, aparece un vacío que intentamos llenar con más hacer, con más tener, e incluso con más ruido. Es un hambre que nunca se sacia, porque lo que en verdad buscamos no está afuera. Lo que en verdad buscamos no está en el tener ni el hacer, sino en el ser. 

Y así, los días pueden sentirse como una sucesión de tareas sin brillo, donde incluso el placer y las alegrías se apagan demasiado rápido. Y no es que nos falten motivos para agradecer… sino que olvidamos detenernos a sentirlos, y ese olvido nos roba la paz.

«Corazón, son muchas las personas que dan las gracias o dicen que se sienten agradecidas, pero en realidad no conocen el sentimiento de gratitud y de abundancia. Pensamos que somos agradecidos porque regalamos la palabra “gracias” con facilidad. Nos enseñaron unas normas de educación, cosa que está muy bien. Pero no nos educaron tanto para sentir, y alimentar nuestra alma. Sin embargo, la gratitud es algo más que palabras… la gratitud es una actitud, una forma de pensar, de sentir, de actuar. Es una emoción que nutre nuestro corazón. Una emoción que se siente y expresa.»

Aquellas palabras de mi maestra calaron en lo más profundo de mi ser. Aprendí que agradecer cada día, incluso por lo pequeño, consistía en reconocer la belleza de la vida que a menudo pasamos por alto. Y con esa conciencia, volví a elegir aquella noche sentarme y escribir en mi diario:

29 de Diciembre de 2022. 23:45 

Mientras esta mañana me llevaba a la boca esa tostada caliente en esté gélido día invernal, recuerdo cuando debido a aquel virus no podía saborear. Recuerdo cuando aquel familiar me dijo que había perdido el sentido del gusto durante un meses y que incluso su amigo no lo había recuperado.  

¡Qué afortunado soy! 

Gracias vida por no quitarme el sentido del gusto y poder seguir saboreando todos los manjares que tengo a mi alcance.  

Mientras ayudo a mis vecinos con las bolsas de la compra y elijo subir caminando las escaleras cediéndoles a ellos el ascenso, traigo a mi mente el recuerdo de aquellos años en los que estuve en cama, enfermo, deseando moverme… Recuerdo cuando para caminar necesitaba de una barandilla y del brazo de mi madre.  

¡Qué agradecido estoy por conservar mis brazos, mis piernas… mi cuerpo fuerte y sano! 

¡Qué agradecido estoy por poder moverme y ejercitarlo, por poder valerme por mí mismo e incluso a través de este ayudar a otros que necesiten ayuda. 

¡Gracias!

Mientras leo cada mañana para llenarme de conocimiento y cada noche para llenarme de serenidad; cuando aprecio la belleza de algunos paisajes que decido fotografiar para en dicha y bella fotografía dejar una frase con la que inspirar a otros del mismo modo en que aquellos mensajes me inspiraron y ayudaron a mí; mientras visualizo y recuerdo la belleza de un amanecer; cuando pienso en la sonrisa de mis sobrinos mientras me miran fijamente a los ojos, ¡qué agradecido me siento por conservar mi vista! 

¡Gracias vida!  

Cuando entro en el supermercado y observo siempre aquel vagabundo sentado pidiendo para comer…¡qué afortunado soy por tener un bonito trabajo que me permite pagarme la comida y techo que no todos tienen!  

¡Gracias vida! 

Mientras papá y mamá se arrodillan frente al arzobispo en su 50 aniversario de boda, mientras observo ese acto de amor, estoy atento a cuanto hay a mi alrededor.  Observo a mis tías cómo bendicen aquel momento mientras recordaban a sus difuntos esposos Pepe y Rafa.  

Gracias vida por haber salvado a mis padres de la enfermedad. Gracias porque puedan seguir celebrando el amor y disfrutando cada día de su compañía, amor y confianza.
La gratitud no son palabras, sino una emoción que se siente y expresa. Y por eso, yo hoy la siento… y la expreso a través de estas líneas…

Cuando empecé a escribir cada noche en mi diario, era como si, con cada línea, quisiera enseñarme a mirar el mundo con ojos nuevos, a descubrir la vida misma latiendo en todo lo que nos rodea. Nunca antes había sentido que un acto tan sencillo pudiera transformar lo aparentemente simple en un tesoro tan profundo y luminoso. 

La gratitud no solo es un bien inagotable, sino que además es una fuente creadora de más amor y gratitud dentro de nosotros. Cuanto más agradecemos, más gratitud sentimos dentro de nosotros. Cuanto más agradecemos, más fácil nos resulta encontrar cosas por las que dar gracias. Más fácil nos resulta sentirlo.

Han pasado ya algunos años desde que comencé así a entrenar el sentimiento de gratitud. Desde lo cotidiano. Y cuando paro a recrearme en cada uno de esos momentos que la vida me regala, como cuando nos llenamos de amor al ver sonreir a ese ser al que tanto amamos, puedo sentir un leve hormigueo en el centro de mi pecho, una bonita sensación que me inunda. Un sentimiento de gratitud y abundancia. 

Y si tú alguna vez has sentido algo parecido, quiero que sepas algo importante: eso que has sentido tiene un nombre. No es casualidad, ni suerte, ni un estado reservado a unos pocos. Ese sentimiento es algo que todos llevamos dentro, aunque no siempre sepamos cómo despertarlo.

La gratitud es una fortaleza del carácter que todos poseemos, aunque no siempre sepamos cómo activarla. No es un rasgo reservado a unas pocas personas “positivas”, sino una capacidad que puede entrenarse, como se entrena la atención, la calma o la compasión. Cuando aprendemos a dirigir la mirada hacia lo que ya está presente —hacia lo que sostiene, nutre y da sentido— algo en nosotros se reordena. El corazón se expande, la mente se aquieta y la vida, sin haber cambiado afuera, comienza a sentirse más plena por dentro.

Si este texto ha resonado contigo, en el podcast profundizo en este mismo tema desde una vivencia personal y práctica: cómo entrenar la gratitud y convertirla en una experiencia real, sentida, y no solo pensada.

Puedes escucharlo aquí:

Con cariño,

Óscar

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alguien que decidió vivir una vida con propósito, basada en el equilibrio mente-cuerpo-espíritu, y desde la cual poder ayudar a los demás a vivir la vida que desean.

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