Se distinguir muy bien cuando un sentimiento de necesidad viene desde el apego de la mente o como una verdad del corazón.

Aquel día mi corazón tenía la necesidad de tener a alguien cerca, alguien a quien abrazar o en quien apoyarnos. Necesitaba una conexión humana. Pero qué difícil resulta a veces decir a alguien «necesito que me acompañes en estos momentos», sobretodo cuando tú eres el que cada día sostiene, el que escucha, el que acepta ese rol con tanto gusto, y una parte de ti cree que por mostrar tu vulnerabilidad y tu lado más sensible vas a decepcionar, o puedes ser una carga o que incluso te puedan poner en duda.

Doy gracias a todos mis maestros por cuantos conocimientos me ayudaron adquirir ,por cuanta práctica me animaron a acumular, para así enfrentarme a los más duros rivales llegado el momento. Rivales que llegan para todos en algún momento de nuestras vidas, como la profunda tristeza, la ansiedad, o todos los derivados del miedo.

Acumular práctica no significa ser invencible cuando uno de estos rivales aparece. Significa también que, saliendo malherido, puedas recuperarte antes de esa paliza. 

Cuando ansiedad aparece sin avisar puede pillarte con la baja guardia. Entonces comienza a someterte. Tan solo ves una lluvia de golpes con forma de pensamientos que cada vez te provocan más dolor. 

Tu cuerpo se queda dolorido, tu alma agotada. Pero antes de que puedas empezar a recuperarte, ansiedad vuelve aparecer para volver a someterte a otra paliza, quizás esta vez mayor.

Cuando parece irse,  tu cuerpo y tu alma solo te piden huir. Y para ello, lo primero que piensas es que quizás dormir sea la manera más eficaz. Si es demasiado pronto para irse a la cama, quizás busques algo o alguien para entretenerte, para huir de esos pensamientos. Aunque ese dolor te recuerda a cada instante que cuando regreses a casa quizás te espere una nueva paliza. Y con esa certeza presente, te sientes incapaz de disfrutar plenamente de ese pasatiempo, de la compañía de esa persona, de ese plan de emergencia que tan solo fue un pequeño analgésico. 

Gracias a mis maestros no me hice adicto a esos analgésicos y enfrento la situación con responsabilidad, con sabiduría y con la valentía de reconocer mi propia vulnerabilidad. 

Aquella tarde, una vez más escuché a mi corazón, y no mi a mente. Mi corazón necesitaba algo más. Como miembro de un colectivo de seres humanos que están conectados por una fuerza llamada amor, necesitaba ser acogido, escuchado, abrazado. 

Saqué mi portátil y empecé a vomitar palabras que, como siempre, me ayudaron a sacar ese tipo de emociones que cuando se instalan en nuestro interior por mucho tiempo, tan solo sirven para amargarnos la existencia.

Tras ese sanador rato de escritura, a pesar de la lluvia y de una oscuridad que ya había caído en la ciudad, me animé a ponerme las zapatillas, mi chubasquero y mis auriculares para darme un baño de aire fresco por mi parque favorito.

Mientras caminaba, prestaba atención a las finas gotas de lluvia, al estanque, a los árboles, pero con frecuencia me invadían pensamientos en los que los seres que más quiero, y a los que yo no quería preocupar con lo que en ese momento estaba viviendo, eran los protagonistas. 

A mitad de mi recorrido habitual, al tiempo en que la lluvia comenzó a ser más intensa, comenzó a sonar una canción muy especial para mi, una canción que a mi mente trajo la imagen de mi princesa, para quien siempre quise y querré ser un apoyo y un ejemplo.

El efecto fue instantáneo. Comencé a sentir el calor alrededor de mis ojos en aquel frío día, desvié mi recorrido para sentarme en uno de los bancos más próximos que tenía, y allí, escondido bajo mi capucha, en la soledad de un parque habitado por la lluvia, en la oscuridad de aquella noche, comenzaron a brotar de mi todas las lágrimas que necesitaban entregarse a alguien.  Mis lágrimas se abrazaron a la lluvia. Lágrimas acogidas como hijas de la misma. Lágrimas abrazadas por su madre. 

Yo, abrazado por la naturaleza en aquellos instantes. Yo, siendo consciente de que quizás lo que necesitaba era sacar aquello con mis seres más queridos. Esos que nunca me juzgarían y que siempre estuvieron y estarían ahí en mis peores momentos. 

«¿Quién sería yo sin la creencia de que les generaría más preocupaciones por el hecho de compartir con ellos aquello que tanto malestar me generaba?» 

Cuestionar mi propia creencia me ayudó a visualizar unos instantes libre de culpas, a visualizar el sanador abrazo que mi corazón anhelaba. 

Nunca olvidaré el día posterior a ese paseo por el parque en el que la lluvia me abrazó. El día y el momento en que me liberé de aquella creencia, y me abrí a mis seres queridos. Su escucha y comprensión, su amor espantó todo miedo. Aquel fin de semana pude terminarlo en calma. Aquella noche pude irme a la cama en paz. 

No pude evitar la aparición de aquellos pensamientos en aquellos momentos tan importantes para mi. No podemos evitar que los pensamientos aparezcan como por arte de magia. Pero si que gracias a mis maestros tuve los recursos para poder ver con claridad lo que había dentro de mi, abrazar mis emociones, ser autocompasivo, apoyarme a mi mismo con acciones útiles a cada momento, no reaccionar a mis pensamientos con acciones de las que posteriormente pudiese arrepentirme, y sobretodo, cuestionar aquella creencia que me hubiese llevado a no dar a mi corazón lo que entonces más necesitaba.

Aprender a caminar bajo la lluvia se aprende, se entrena, y también es parte del viaje.

Si estás atravesando tus propios días grises y necesitas ser escuchado o leído, estoy aquí para ello.

A veces, este primer paso es lo que necesitamos para empezar a sanar

Con cariño,

Óscar

6 respuestas a “El día que la lluvia me abrazó”

  1. Avatar de Magly
    Magly

    Simplemente hermoso. Es una realidad que muchos vivimos y que con lágrimas en nuestros ojos, debemos aprender a caminar bajo la lluvia. Dios te bendiga 🙏

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    1. Avatar de Oscar Rubio

      Gracias Magly. Me alegra inmensamente que te llene y aporte. Mis mejores deseos para ti

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  2. Avatar de Cuxi
    Cuxi

    SIEMPRE ESTARÉ PARA ABRAZARTE Y ESCUCHARTE COMO ESA LLUVIA

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    1. Avatar de Oscar Rubio

      Jamás se pondrá en duda. Ahí estaremos también siempre. 🙂 Gracias!!!

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  3. Avatar de Judith Hernández
    Judith Hernández

    Gracias Óscar por estar para ti y para nosotros.

    Gracias por compartir esta lectura que es parte de tu vida y que yo también he estado ahí pero he aprendido contigo muchas cosas.

    Te abrazo a la distancia y Gracias por ser y estar.

    Abrazo cariñoso.

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    1. Avatar de Oscar Rubio

      Gracias a ti, Judith. Un placer siempre poder compartir y con ello ayudarnos sin importar el tiempo y la distancia

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